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AQUÍ SE PUEDEN LEER ALGUNOS TEXTOS

 

Dibujo: Pablo Gallo

CUENTOS

* Mujer con muñeco
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* Apenas nadie, apenas nada
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* El viaje más hermoso
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* La gran evasión
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* Las sombras inexistentes del aire

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Gómez Rufo ha publicado artículos y trabajos periodísticos en distintos diarios y revistas, españoles y extranjeros. Sus colaboraciones han aparecido en periódicos como El País, El Mundo, El Independiente, El Sol, Diario 16, La Vanguardia, Informaciones, Pueblo, Diario de Valencia, El Correo, El Ideal de Granada, Diario de Cádiz, El Faro de Vigo y El Periódico de Catalunya; y en revistas como Cambio 16, Tiempo, El Globo, Leer, Interviú, Panorama, Perfiles, Guía del Ocio, La Gaceta del Libro, Abril (Luxemburgo) y La Revista del Sur (Suecia).

 

AQUÍ SE PUEDEN LEER ALGUNOS ARTÍCULOS.

* EL CULTURAL- El Mundo
El congreso de Sevilla (2003)
* Leer Artículo (en PDF)
* DIARIO 16
Guerras Literarias
* Leer Artículo (en PDF)
* V-21
Madrid perenne (2000)
* Leer Artículo (en PDF)
* DIARIO 16
Lo que cuesta abrir una puerta (2000)
* Leer Artículo (en PDF)
* El País
Del Retiro al cielo, vía Manhattan (2000)
* Leer Artículo (en PDF)

 

EL FUTURO QUE YA ESTÁ AQUÍ

Estamos preocupados por el enigma del futuro sin darnos cuenta de que ya vivimos en él. Nunca hubo un presente más elocuente de cómo va a diseñarse el porvenir. Y aunque la realidad y el amor comparten ceguera, hay que aunar ceguera, sordera y falta de sensibilidad para no comprender que el mundo ya se ha desnudado de intenciones y nos está describiendo la vida que nos espera en las próximas décadas. No hacen falta bolas de cristal ni leer los posos del café: el futuro ya ha empezado y nos lo está gritando. Maldita sordera.
Puede que los políticos del mundo carezcan de tiempo para reflexionar, atenazados por la dinámica de las obligaciones cotidianas. Puede, también, que entregados a ganar unas elecciones inminentes, no consideren preciso diseñar respuestas a largo plazo, cuando quizá no sean ellos quienes gobiernen. Puede, en fin, que la cotidianidad vertiginosa, donde todo es efímero y las noticias mueren mientras se producen, el mañana carezca de relevancia para ser tomado en serio. Pero ignorar que el modelo de sociedad actual agoniza y es algo que pertenece ya al pasado, conduce a un puerto abandonado hace mucho tiempo, en donde no queda nada ni nadie. El mundo naufraga hacia la isla de Robinson, con la particularidad de que allí ya no vive ni el propio Crusoe.
El modelo económico occidental, y el que están calcando los países emergentes (China, India, Rusia…) está fundamentado en el logro de un bienestar básico que la ciudadanía considera suficiente y por lo tanto da votos y confianza. Lo que no se dice es que el modelo es insostenible y que hay tres mil millones de ciudadanos en otras partes del mundo a la espera de rapiñar parte del material sobrante de nuestro consumo, con lo que desaparecerán las reservas de alimentos, materias primas y agua con las que el planeta soporta hoy el peso de su desarrollo. La crisis económica, infinitamente más seria que la de los años 92-93, viene acompañada de una dramática falta de liquidez en los bancos, de una crisis de confianza entre ellos (que no se prestan dinero bajo ningún concepto) y de un estallido de la burbuja inmobiliaria allí donde más se hinchó: España, Irlanda e Inglaterra. Si a ello se añade la fragilidad de la economía de EEUU, el endeudamiento familiar porque las rentas no pueden sufragar las alegrías de las compras inmobiliarias de hace dos o tres años y el desarrollo natural de la economía china, con miles de nuevos millonarios mensuales, el futuro nos está explicando a voces que este modelo ya no sirve. Aunque no lo queramos oír.
Por otra parte, tampoco los valores éticos se enraízan en la mentalidad de la ciudadanía. Valores como la defensa de la honestidad, el éxito como producto del esfuerzo, la decencia en los comportamientos públicos y la educación en los privados y la dignidad de ser solidarios con el prójimo, son principios a respetar. O mejor dicho: se presume de respetar una tabla de valores jerarquizada cuando en realidad no son respetados por casi nadie. Todos los valores han caído en desuso, desde la esencia de los núcleos básicos de la convivencia hasta la autoridad educativa, el respeto a los derechos individuales y la limpieza en la gestión de los dineros de todos. En España, por poner un ejemplo, se transfirió a Comunidades y Ayuntamientos la gestión del suelo y la corrupción ha alcanzado tales límites que las plusvalías obtenidas por recalificaciones y construcción de viviendas en vez de repercutir en el bienestar vecinal han ido a parar a los bolsillos de especuladores y gestores públicos, en su mayor parte. ¿Para cuándo una marcha atrás gubernamental en esa clase de transferencias para que una comisión nacional autorice, recaude y reparta esos beneficios urbanísticos? Con la crisis actual, las regiones estarían encantadas, probablemente. Y si no lo estuvieran (porque crean que el ladrillo es el único modo de recaudar) daría igual. Porque es urgente la valentía de poner fin a esa vergüenza.
Si el modelo occidental está agotándose y los valores éticos han caído en las garras de la hipocresía, los administradores del mundo, que lo saben, han encontrado una nueva vía para impedir la sustitución del sistema. Y esa vía no es otra que el miedo como elemento estrangulador de la libertad del ser humano. El miedo fue el hallazgo fundamental de las religiones para dominar reinos, reyes y súbditos. El infierno, cualquier infierno, era la respuesta a la desobediencia; y el temor de Dios, la coartada.
Pero las religiones (que no la espiritualidad) dejaron de protagonizar los mecanismos del poder. Y el poder ha encontrado su nuevo dios en el miedo, administrado de otro modo. Ahora vemos en la televisión anuncios que, empapándolo todo cual lluvia fina, amenazan con muertes, enfermedades y tragedias humanas si no se consumen productos diseñados para salvarnos de todo: desde el estreñimiento al colesterol, desde las varices a los resfriados. Salir a la calle se ha convertido en una amenaza: la inseguridad espera detrás de cada esquina para robarnos, herirnos, asesinarnos y violarnos. Y en casa, la cosa no es mejor: cualquier hombre es muy capaz de descuartizar a su mujer por celos, rencor o desamor. Además, un cigarrillo produce cáncer mortal de pulmón; superar una cierta velocidad provoca la muerte en carretera; una hamburguesa doble es una oposición al suicidio… Y se puede subir a un avión con la única condición de aceptar que uno es un potencial terrorista y, así, permitir ser cacheado, registrado, desnudado y humillado. Lo dijo Sófocles: para quien tiene miedo, todo son ruidos. Y es que el miedo es el padre de la crueldad.
La válvula de escape para en nuevo hombre del siglo XXI es la nueva tecnología. Desde el ordenador se puede ver el mundo, hablar con el mundo, escuchar al mundo. Pero a ser posible desde una de esas “habitaciones del pánico” que se construyen en el interior de las casas para encerrarse con agua, comida y comunicación telefónica para permanecer encerrado, aislado y protegido del miedo exterior hasta que las fuerzas de seguridad acudan en nuestro auxilio. Dios ha muerto, escribió Nietzche; se le olvidó decir que el nuevo mesías iba a ser Bill Gates y con él podríamos de nuevo salir a la vida a través de una pantalla de ordenador.
Agotamiento del sistema, falta de valores, imperio del miedo… ¿A qué se espera para iniciar un proceso de rectificación que haga sostenible al planeta, que nos devuelva los valores éticos y nos libere del miedo ambiental que nos asfixia? Seguramente hacen falta pensadores, filósofos, humanistas y creadores que diseñen un nuevo modelo de sociedad. Lo que sucede es que, mirando alrededor, no es fácil encontrar quienes tengan el tiempo y la capacidad suficientes para trabajar en ello, buscar respuestas o, al menos, plantear las preguntas adecuadas. Porque ya no bastan las propuestas marxistas, ni tampoco las ideas cabales que en su momento expusieron Brandt, Lang, Bobbio, Althusser, Tierno, Sartre, Sengor, Saphiro, Chomsky o Savater. Ahora es el Instituto de Investigaciones Sociológicas y Tecnológicas de Massachussets el nuevo rey Midas, con permiso de Microsoft. Y no es bastante; ni útil: es necesaria la aparición de nuevas ideas, de nuevos pensadores que, trabajadores y esforzados como José Antonio Marina, Elías Días, Emilio Lledó y algunos más nos faciliten un punto de referencia intelectual para seguir un camino que tiene que ser nuevo, ingenioso, posible y fácil.
El mundo necesita renovarse y el género humano precisa salir de una espiral absurda que llena las salas de espera de psiquiatras y sicoanalistas y que nos dice que uno de cada tres ciudadanos norteamericanos recibe asistencia sicológica (aunque lo necesitan dos de cada tres). Ese modelo de sociedad es el que se copia en todo el mundo. Como para pensárselo.
    El futuro ya está aquí. Las tecnologías avanzan a gran velocidad y los adelantos científicos y médicos anuncian un porvenir presidido por la longevidad. Pero nada dice ese futuro de la felicidad humana, ni de la salud mental, ni de la serenidad, ni de la convivencia sana entre seres que nacieron para ser gregarios y que cada vez están más solos encerrados en la penumbra de su madriguera, sin encontrar a quien amar ni quien les ame. Cuando el mejor amigo del ser humano es el empleado de la sucursal bancaria y sus sueños no son paisajes de palmeras sino papeles con sumas y restas para llegar a fin de mes, es que algo no funciona en lo personal. Y los seres humanos no somos otra cosa que una suma de personas en busca de un hogar compartido donde cobijarnos de la intemperie del mundo.
El reto del futuro no empieza mañana, se diga lo que se diga. Empezó ayer. (EL MUNDO. 17 de mayo, 2008)

 

HASTA SIEMPRE, PROFESOR

Ayer hizo hace veinte años que murió el viejo profesor, el mejor alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. Veinte años y aún le añoramos no sólo quienes tuvimos la fortuna de frecuentarle sino todos los que aprendimos de él y con él; los que nos enriquecimos con su magisterio y quienes, como vecinos, nos beneficiamos de su inigualable gestión como edil de todos los madrileños. Tierno continúa en nuestra memoria porque no ha habido quien, ni humana ni políticamente, haya comprendido a la ciudad y a los ciudadanos como lo hizo él.

Fácil sería responsabilizar a las décadas transcurridas, y a nuestro propio envejecimiento, las sensaciones que nos atenazan a algunos madrileños. Pero creo que a nadie se le oculta que hoy Madrid es una ciudad más triste, gris y anodina que la que vivimos con él, y sin duda menos libre. La libertad es un don que nadie puede darnos, porque es nuestra; lo único que pueden hacer es quitárnosla, y desde su muerte, poco a poco, a los madrileños nos la han ido arrebatando.

También Madrid es hoy una ciudad más opaca. Aquel brillo de los años 80, cuando era la capital cultural de Europa con o sin denominación oficial, no ha vuelto a deslumbrarnos. Años en los que Madrid causaba admiración, preguntaban por su magia allá a donde viajáramos, querían saber qué estaba ocurriendo, y por qué. Años, en fin, en los que se inició un movimiento regenerador cultural y democrático que, impulsado por aquel Ayuntamiento presidido por Tierno, devolvió la calle a los vecinos, les invitó a convertirse en sujetos activos de la cultura (en lugar de meros espectadores) y facilitó que los madrileños, sin perder la necesaria curiosidad, perdiesen la capacidad de escándalo. Salía Madrid de un túnel (como el resto de España) y en apenas unos años alcanzó una cima de luces que se fueron apagando y que hoy ya parece impensable reconquistar.

Debemos al V.P . una idea de Madrid que los sucesivos alcaldes no han sabido resguardar: el concepto de una ciudad cosmopolita, abierta, sin miedo al forastero, orgullosa de sí misma y libre; una ciudad culta y deseosa de seguir aprendiendo; una ciudad admirable y predispuesta a admirar. Esa ciudad que, a lo largo de la historia, no regateó sacrificios ni solidaridad para sostener los únicos principios que cabe defender sin titubeos: la libertad y la dignidad. Así lo hizo Madrid en Dos de Mayo, frente a los modos injustos e ilícitos de los ejércitos napoleónicos; en defensa de la libertad frente al retrógrado carlismo en el siglo XIX; durante la Guerra Civil, siendo la última ciudad en sucumbir al fascismo; hasta el mismo día trágico del Once de Marzo, cuando los madrileños hicieron la mayor demostración de solidaridad y madurez que se recuerda en la Historia. La dignidad de unos vecinos convencidos de que sin libertad no merece la pena vivir. Y sin presumir de ello, sin alzar la voz frente a la continua agresión de los otros españoles que no han aprendido que el nacionalismo es de derechas y que siguen confundiendo al Gobierno en Madrid con el Gobierno de Madrid. Tierno Galván sigue siendo el punto de referencia intelectual más sólido para quienes abrigamos la esperanza de que nuestra ciudad, algún día, tendrá que cambiar a mejor.

Han pasado veinte años desde su prematura desaparición y continúa viva la sensación de nostalgia; y de una cierta melancolía. La sociedad actual se desliza vertiginosamente por una peligrosa ladera en busca de la seguridad, sin querer darse cuenta de lo que conlleva la pérdida de libertad; se cree a salvo si la ley protege al colectivo, restringiendo las libertades y derechos individuales; vuelve a Goethe: “Prefiero la injusticia al desorden”. El Viejo Profesor no se hubiese resignado, como no nos resignamos sus discípulos. Y le añoramos.

Se celebran homenajes; se invoca su nombre en estos días porque sigue dando réditos electorales; se oyen palabras de elogio. Pero a don Enrique sólo se le debe imitar en su ejemplo, leer sus escritos, aprender de su calidad humana y ensanchar el espíritu con sus enseñanzas. Y no olvidar que ignorar a nuestros intelectuales es mutilar nuestra inteligencia común. A buen seguro tendrán que pasar otras dos décadas para que sea valorado en su justa medida y la Historia ponga a cada cual en el lugar que le corresponde. Hoy, veinte años después de su muerte, me gusta recordar el lema que los madrileños corearon en su despedida multitudinaria: Hasta siempre, profesor . Que así siga siendo. Antonio Gómez Rufo. (EL MUNDO. 20 de enero 2006)

 
 
Antonio Gómez Rufo - Página Oficial